
Entre la maraña de blogs que me alimentan via RSS en mi Google Reader cada mañana, hay uno que yo considero extraordinario e imperdible.
Marginal Revolution es el blog de economía más leído en el mundo, muy recomendable para quienes les interese verificar cómo la economía teórica desarrollada por académicos puede (y desde mi punto de vista, debe) estar intimamente relacionada con problemas del mundo real. Los autores del blog pueden discutir temas que van desde cómo las decisiones del gobierno de Estados Unidos pueden afectar a la economía de ese país hasta
cómo entender la decisión de Google de premiar un
aterrizaje en la Luna para el año 2012. Conectando con
enjambre, esta mañana recibí un
post muy lúcido con respecto a los profesores "superhéroes". Estos son aquellos idealistas y esforzados docentes, que hemos visto en películas hollywoodenses, que llegan a esa típica escuela marginal con una mayoría de alumnos de minorías étnicas y con tremendos problemas de violencia y drogas y dramas familiares. ¿Quién no se emocionó con el desenlace de esta película(s), en la que el curso vencía toda la adversidad y obtenía el mejor resultado estatal en el equivalente a nuestro apabullado SIMCE? El problema, de acuerdo a lo notado en el post, es que el esfuerzo y dedicación de estos "superhéroes" no es replicable. Por lo tanto, el resultado del curso depende exclusivamente de factores idiosincráticos del profesor: si el profesor es motivado, el curso rinde bien; si no, olvidenlo. Como política, este enfoque es nocivo. Justamente lo que me gustaría es que la calidad de la educación no dependa de qué tan motivada esté la profesora asignada. Si la innovación en técnicas de enseñanza va a depender en gran medida de qué profesor esté a cargo del curso, en algunas partes resultará, en otras no. El factor de dedicación del profesor sí es importante: creo que claramente necesitamos más profesores motivados y dedicados a innovar dentro de la sala de clases. Pero en la medida que este sea el factor fundamental en la implementación de cambios de fondo como los que se discuten en enjambre, creo que podemos aspirar tranquilamente a un rotundo fracaso. El post de MR apunta a un sistema más centralizado, con menos discrecionalidad y más reglas que guien el actuar de los docentes. No sé si este es el mejor sistema: probablemente, y en el espíritu de web2.0 se requiera conversar un enfoque con todos los estamentos, incluidos profesores, alumnos y sociedad civil en general. Si no, el sistema universitario se deberá enfocar en generar muchos más Superman de los que actualmente produce.
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