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Innovación: mi propia definición

Enviado por manuel tironi el octubre 06, 2007 a las 19:00
1191711044_innovacion_01.jpg Participar en este blog ha sido positivo en muchos aspectos, pero lo que más valoro es el que me haya obligado a repensar qué entiendo por ?innovación', o sea a qué diablos le llamo algo ?innovador' y porqué creo que es algo positivo que debe ser promocionado. No se trata de un tema trivial. Es bastante evidente que la idea de ?innovación' se ha convertido un concepto mitad-técnico/mitad-esotérico que ha permeado todos los circuitos culturales del (nuevo) capitalismo, como diría Thrift (2005). O como dice más crudamente mi amigo José Ossandón, innovación y modernización se han convertido en sinónimos funcionales: en el discurso de la nueva economía ser ?innovador' -sea lo que signifique- aparece como el requisito performativo mínimo para competir, crecer y, tal vez lo más importante, sintonizar con el ?nuevo espíritu del capitalismo' -creativo, lúdico, horizontal, interactivo y people-oriented (Boltanski y Chiapello 1998). El riesgo, como se ve a diario en muchas empresas e instituciones, es que la ?innovación' se convierta en una forma de traducir en lenguaje cool la precariedad laboral, el fetichismo tecnológico, el culto a la juventud y la priorización de modelos de negocio tipo hit-and-go. Para ponerlo en negro sobre blanco: la ?innovación' no es una idea prístina sino un concepto cargado política, moral y simbólicamente. Entonces más allá de las definiciones expertas y de las frases para el bronce de los gurús del nuevo capitalismo, creo que es importantísmo para todo aquel que está involucrado en temas de innovación, reflexionar sobre qué visión valórica y ética se está movilizando, y a veces promocionando, cuando se habla de innovación. Yo le he dado hartas vueltas al asunto, y he llegado a mi propia definición personal de innovación, una definición que puede no tener ningún tipo de asidero académico o técnico, pero es la definición que me deja dormir por las noches. Para mi la innovación es sencillamente el acto por el cual se crea un nuevo ?algo' (lo que sea) que desafía (de alguna manera) el estado-de-las-cosas. O sea innovación = creatividad + rupturismo. Porque ojo!, existe creatividad sin rupturismo (sacar un laptop con webcam incluida o lanzar una coca-cola en botella ergonométrica) pero eso, en mi humilde opinión, es inventiva, ingenio o imaginación, pero no innovación. No quiero decir que innovar implique grandes quiebres, sino que tiene que haber algún grado de tensión, de nervio y de riesgo en el acto de innovar: cómo decía alguien por ahí, si a tu suegra le gusta tu innovación, pues mala señal. Innovar es desafiar, es proponer otra forma (muchas veces incómoda) de mirar las cosas. La innovación tiene que hacer algo de daño, tiene que provocar, porque sólo así es posible remover el status-quo. Entonces para mi, sí, lo reconozco, la innovación es un concepto súper normativo que tiene mucho de punk o de vanguardia en el sentido más artístico del término: romper el molde para abrir (o tallar a machetazos) una puerta que lleva hacia posibilidades antes inexploradas, ya sea por desconocimiento, temor, conformidad o conservadurismo. Lo interesante (o el problema) de mi definición es que con ella la gama de ?innovaciones' se abre ad infinitum. O sea encuentro tan innovador meter notebooks en las salas de clase como agarrar a los cabros y llevarlos a la montaña a que interactuen en y con la naturaleza; encuentro muy interesantes los gadgets que se diseñan en el MIT pero sigue siendo irrepetible (y me sigue asombrando) la música que hacen unos tipos grabando en una cassettera casera los ruiditos hechos con los xilófonos de la hermana chica; el uso de tecnologías móviles por parte de los jóvenes es fascinante, pero el que los ?pingüinos' se hayan tomado el país por una semana es simplemente alucinante; me impresionan las posibilidades de networking social que abren las redes 2.0, pero creo que lo que realmente innovador está en las políticas que intentan disminuir la discriminación social (tan profundamente incrustada) en nuestras relaciones cara-a-cara, o en los movimientos vecinales que buscan resguardar del mercado inmobiliario los espacios públicos de toda la vida, o en las tácticas cotidianas, llenas de imaginación, entrepreneurship y agencia, que hacen miles de familias indigentes día tras día para comer, vestirse y dormir.   No quiero mezclar peras con manzanas, ni ponerlas a pelear artificialmente. Existen distintos tipos de innovaciones y todas son válidas, necesarias y, lo más importante, complementarias y co-evolutivas. Mi punto es que la innovación es cambio, y para que el cambio sea cambio tiene que haber disrupción, porque cambio sin disrupción es acomodo, ajuste o lo que sea, pero no cambio, o al menos no cambio innovador. En el fondo, mi punto es que debemos tener cuidado en convertir la ?innovación' en una suerte de artefacto brandificado, en un concepto lleno de glamour y hype pero inerte y vaciado de contenido; un concepto movilizado para indicar dinamismo, cambio y creatividad, pero que en la práctica no haga más que mantener las cosas tal y como están (pero envueltas en un aire de estilo y novedad, eso sí). (Leer más)

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